Folclore parte de una idea antigua y vigente: el saber del pueblo. El conocimiento que se produce en universidades, talleres, cocinas, oficios y pantallas pertenece a quienes lo hacen y lo usan, y vale en la medida en que mejora la vida en común. Por eso nos interesa la economía cuando responde a necesidades humanas, y la tecnología cuando amplía lo que las personas pueden hacer, entender y decidir.
Trabajamos con tres herramientas. La divulgación, para que las ideas circulen con rigor y sin jerga. El aprendizaje práctico, para desarrollar capacidades frente a cambios que ya están ocurriendo. Y la organización, porque ninguna transformación se sostiene de a uno. Miramos desde Chile y América Latina, convencidos de que desde aquí también se piensa y se construye futuro.